HOMOSEXUALES EN ALBANIA

En una noticia de agencia, firmada por Mimoza Dhima, se informa que  el pasado jueves y coincidiendo con el Día Mundial de Lucha contra la Homofobia, el colectivo LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) de Albania convocó una concentración en una céntrica plaza de Tirana, la capital del país.

El acto, vigilado por la policía, contó con la presencia, además de los medios de comunicación,  de numerosos invitados entre los que destacaban el defensor del pueblo, algunos diputados, diplomáticos extranjeros, representantes de la sociedad civil y del gobierno que sobrepasaban en número a quienes tuvieron el valor de mostrar su orientación sexual que fueron doce personas.

Hasta 1993 la homosexualidad estuvo prohibida en Albania y se castigaba con penas que podían llegar a los diez años de cárcel.

Pese a la escasa participación los organizadores consideraron la concentración un éxito que, por otra parte, contó con la inmediata respuesta por parte de las fuerzas políticas más reaccionarias del país que convocaron una manifestación para protestar por lo que consideraron un ataque a la vida, la familia y la moral. 

Uno de los portavoces de dicha manifestación se dirigió a los participantes de la misma diciéndoles que “vuestra presencia aquí muestra los valores de la sociedad albanesa. Los homosexuales están enfermos y hay que curarlos. Su salida a la calle es inaceptable y supone una amenaza para la familia y la vida. Que se vayan a otro país”.

Además de otras intervenciones similares llama la atención el pronunciamiento de Sali Berisha primer ministro de Albania que amenazó con golpear a los homosexuales que se concentrasen.

Albania, con su primer ministro, (que antes fue presidente), a la cabeza, viene luchando por su incorporación a la Unión Europea por lo que no dejan de sorprender declaraciones como estas, que se sitúan en las antípodas de lo que debe de ser un estado respetuoso con la diversidad y con la defensa a ultranza de los derechos humanos, conceptos estos que los políticos europeos utilizan con bastante asiduidad para justificar su negativa al diálogo con determinados gobiernos, pero nadie debe de tener la menor duda, la hipocresía cotiza al alza en los palacios presidenciales de toda Europa, y Albania pasará a formar parte de la Unión, sin libertades, con corrupción y sin derechos ciudadanos en el momento en que los dueños de los mercados entiendan que su incorporación puede resultarles útil. 

En cualquier caso la respuesta para que estas, y otras, realidades cambien no está en el viento, como canta Bob Dylan, la respuesta está en la calle como gritamos costantemente centenares de miles de ciudadanos.     

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